Llegamos a la tercera entrega de nuestro recorrido por este proyecto de paisajismo corporativo. Si en las partes anteriores exploramos los espacios de transición y áreas verdes perimetrales, hoy nos detenemos en el punto focal de cualquier sede: la entrada principal.
La entrada de un edificio corporativo es la carta de presentación de la empresa. Debe transmitir solidez, elegancia y un compromiso claro con la naturaleza sin recargar el entorno arquitectónico contemporáneo.

Elementos clave del diseño de la entrada
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El Olivo Macro-Bonsái como escultura viva: Colocado estratégicamente junto al acceso de cristal en un gran macetero circular gris marengo. Su porte esculpido contrasta con la geometría limpia de la fachada ventilada y aporta calidez mediterránea de forma instantánea.
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Mantenimiento y poda ornamental: La poda en platos o pompones del olivo no solo resalta la estructura retorcida de sus troncos maduros, sino que mantiene una escala equilibrada que no obstruye la visibilidad ni la luz natural del vestíbulo.
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Delimitación mediante parterres continuos: En el primer plano del acceso, integraremos jardineras lineales de obra con arbustos de porte bajo y follaje denso (Pittosporum tobira ‘Nanum’ / Euonymus), que marcan el flujo de paso peatonal de manera sutil.
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Integración cromática: La paleta de tonos grises en la maceta y jardineras unifica el pavimento de madera técnica con el revestimiento del edificio, dejando que el verde vivo sea el verdadero protagonista.
Diseñar accesos corporativos requiere equilibrar la belleza vegetal con la funcionalidad diaria y un mantenimiento sostenible en el tiempo.